• Eustaquio Jiménez Grirón
  • Confucio, filósofo Chino, fundador del sistema moral que exalta la fidelidad a la tradición nacional y familiar, decía “LO QUE QUIERE EL SABIO, LO BUSCA EN SÍ MISMO; EL VULGO LO BUSCA EN LOS DEMÁS”. Fundamento y premisa que adquiere un vivificante realismo en “TAQUIU NIGUI” durante su fructífera existencia, por ser un intérprete fiel de sus tradiciones y el encuentro de sí mismo en sus canciones; que lo hacen un inolvidable y digno representante de los valores ZAPOTECAS O BINIGULAZA (gente ancestral que provenía de las cumbres nubosas). Estas civilizaciones prehispánicas y posteriormente mestizas, son indudablemente productos de su propio ámbito natural y cultural. Por lo que es importante precisar lo que nos indica, el Etnoantropólogo, Miguel Covarrubias, al diferenciar la producción artística de los pueblos Zapotecas, al afirmar que: “los zapotecas del Valle de Oaxaca y de las Sierras son los autores más importantes de objetos de arte popular. No ocurre así con los zapotecas del Istmo quienes al igual que otros pueblos de las tierras bajas tropicales, se inclinan hacia la música romántica y a la poesía apasionada” e indicó que “la Conquista Española rechazó toda manifestación de una cultura indígena superior”; rechazo que también se registra en ciertos testimonios documentales donde incluso los prohibieron, como fue el caso, en que Don. José Gregorio Ortigosa, Obispo de la Cd. Antequera Valle de Oaxaca del Consejo de su Majestad Católica, emitió el 27 de Agosto de 1782 un EDICTO DE EXCOMUNIÓN EN CONTRA DE LOS QUE BAILEN: LA LLORONA, El Rubí, La Tirana, El Pan de Manteca o de Jarabe, entre otras, porque eran lascivos, pecaminosos y producto de mentes demoniacas. En estos contextos citados y enmarcándonos en una sociedad que es adalid de su autoctonismo, pero abierta al progreso, denominada hoy: HERÓICA CIUDAD DE JUCHITÁN DE ZARAGOZA, OAXACA. Y específicamente en el laborioso Barrio Ríi (barrio de los cantaritos o de los alfareros) hoy Séptima Sección, donde arranca esta biografía, por la esquina de las Calles 2 de Noviembre y Melchor Ocampo, allí vivía una típica familia Zapoteca de los descendientes de TA JUANIGUI (bisabuelo paterno de Eustaquio, que cariñosamente en la infancia le agregaron a su nombre JUÁN, el sufijo “IGUI”, quedando como “JUANIGUI”, que le acostumbraban nombrar así entre amigos para diferenciarlo con otros Juanes); luego entonces en la familia formada por el SR. TEODORO JIMENÉZ LÓPEZ (TA TEUNIGUI) y la SRA. ARNULFA GIRÓN DE JIMÉNEZ, quienes engendran a: Francisco, EUSTAQUIO, Luisa e Ignacia, todos de apellidos JIMÉNEZ GIRÓN, incluyéndoles también el sufijo “NIGUI”; caso “TAQUIO NIGUI”.

    EUSTAQUIO, en esa familia campesina, nació EL 20 DE SEPTIEMBRE DE 1904, donde creció felizmente, disfrutando como los demás niños de esa época, algunos juegos de antaño; Eustaquio también alternaba en esos primeros años de vida con labores del campo ayudando a su padre. Mientras tanto los adultos entre otras actividades se divertían en las fiestas tradicionales, como lo cita Don Javier Meneses De Gyves: según, “Cuentan que en ese tiempo la banda militar (porfiriana) alegraba las fiestas y que algunos músicos juchitecos se incorporaron a ella; entre ellos, Damián Gómez, autor de los sones la Sanjuanera y la Migueleña”, aunque ya desde a mediados del Siglo XIX en Tehuantepec ya se integraban bandas como la de Don Andrés Gutiérrez (Ndre Sáa, autor musical de la Sandunga/1853) y Leónides Villalobos, entre otros, que llegaron a tocar en algunas fiestas importantes de Juchitán. Pero llegó la intranquilidad Nacional al iniciarse la Revolución Mexicana encabezada por Francisco I. Madero en 1910 y la Rebelión local entre los miembros del Partido Verde y Rojo, que a finales de 1911 ensangrentó a la población por ambos bandos; en aras de la lucha democratizante del Lic. José F. Gómez (Che Gómez), lucha con la que compartía Ta Teunigui; pero para salvar a su familia, tuvieron que emigrar temporalmente hacia San Blas, donde falleció su hija menor Ignacia por una epidemia de granos, por lo que retornaron a Juchitán, aun cuando continuaban dichos conflictos políticos, hasta los años treinta.

    EUSTAQUIO, entrando a los once años, su padre, le enseñaba las primeras letras, con el tradicional Silabario de San Miguel. Enseguida ingresó a la escuela particular de Don Victoriano V. Jiménez, al año siguiente (1916), por su buen aprovechamiento, el hermano de su maestro, el joven Benigno V. Jiménez, fue quien le ayudó a inscribirse en el Primer Grado, en la Escuela Oficial, que en 1917 se llamó “Benito Juárez García”, que funcionaba en un anexo del Cuartel “Carlos Pacheco”, bajo la Dirección de un prestigiado maestro originario de San Pablo Guelatao, pariente del “Benemérito de las Américas”, llamado: Antonio García Mor, fue quien nombró como Profesores Ayudantes, de Juchitán a los CC. Delfino López Mere, Mariano López Mau y Pedro López Félix, todos fueron relevantes maestros de él. Cuatro años más tarde, es decir en 1919, RECIBIO SU CERTIFICADO DE INSTRUCCIÓN ELEMENTAL. Al año siguiente, casi a los 16 años de edad, comenzó el aprendizaje de la sastrería, en el taller del medio hermano de su mamá, el Sr. Timoteo Blas Pineda, radicado en el Barrio Guze’ Gucha’chi’ (del cazador de iguanas) hoy 2ª. Sección; en el mencionado oficio se desempeñó, para colaborar con el futuro sustento diario familiar. Para entonces según Meneses De Gyves, “Los bailes se amenizaban con “banda”, de las que había estupendas. La banda de “arriba”, la que dirigía Adalberto Velázquez (Ada) y la banda de “abajo” de Juán Gómez (Juán Chango). Y a la que pudiera llamársele banda del “centro”, del maestro Manuel Hernández (Manuel Peque)”, que interpretaron las composiciones de él. Mientras transcurrían estas vicisitudes, en los vendavales del tiempo en Juchitán, EUSTAQUIO, en 1922, ocupó la ayudantía en una escuela oficial que dirigía el Profesor Ricardo C. Valdivieso, en un tiempo efímero “porque sobrevinieron muchas revueltas” como él mismo lo apunta. Aun así continuó ejerciendo la sastrería, pero al mismo tiempo comenzó a aprender a tocar la guitarra, con un vecino que gustosamente le enseñaba y le prestaba su requinto para sus prácticas y como le gustó tanto la guitarra, que incluso en una de sus composiciones le llamó a este instrumento: “Doctora corazón”; su vocación y talento musical le permitió aprender muy pronto el solfeo de manera autodidacta; para tocar y a organizar conjuntos musicales; incluyendo el violín, el contrabajo y el clarinete, así orquestó LAS CANCIONES QUE YA EMPEZABA A COMPONER; entre sus grandes amigos que cantaban y tocaban con él, fueron: el Sr. Justino Regalado Martin (Tinu Nacio), que fue sostén en la producción de sus obras y el Sr. Hilarión Sánchez, quien le compuso la canción “Homenaje a Taquiu Nigui”; ambos lo consideraron como un miembro intrafamiliar.

    En 1924, contrajo matrimonio con una señorita de la 7ª. Sección: Aurea Orozco López. De esta primera familia nacieron: Efigenia, Ambrosia, Francisco (murió de un año) y Feliciano (murió casi al nacer). Con mucha tristeza narra Eustaquio, que este matrimonio “duró, desgraciadamente, sólo 9 años, por la muerte de su esposa, acaecida en 1933, año en que con honda pena le dedicó el emotivo tango, “El Tribunal” (que finaliza así: “más un día/ me la llevó una suerte fatal:/las flores/ aspiraron de nuevo su olor; / las aves volvieron por su voz; / los astros por su color.). Entre esos años compuso: Recuerda que un día (1924), El hombre maldito (1926), Chatita (1929), Cayuna cayatte pur lii (1930), Paulina Xadaneña (hoy himno de Santa María Xadani), etc.

    Como él vivía con su familia, en el hogar de sus padres, por lo mismo contó con el apoyo moral de ellos para la atención de sus dos hijas, pero cuenta hoy en día una de ellas, la Sra. Ambrosia Jiménez Orozco, que su abuelo murió cuando ella tenía 6 años y la abuela falleció a sus 7 años, es decir en 1935 y que su hermana se fue a vivir con una tía, pero ella se quedó con su padre, quien con el “tequio” o “mano” (tradición de ayuda mutua), logró construir su propia casa de tejavana, sobre la Calle Melchor Ocampo, la que heredó a sus hijas; actualmente es del Sr. Facundo Santiago Ruiz, nonagenario, gran admirador que lleva en el corazón y en su memoria algunas melodías de TAQUIU NIGUI, “sobre todo porque los escribió en Zapoteco y en Español”.

    Para estos momentos, ya en los convivios y fiestas, con mucha popularidad se disfrutaban sus canciones y sones, a través de las Marimbas Orquestas, como: “La Shunca” (1929) del Mtro. Gláfiro Terán, “La juventud juchiteca” (1935) del C. Juan Toledo Martínez (Juan Dxia), “Euterpe” de Pedro Gallegos (Pedro Ngupi), la de “Chico Tehuano”, la de “Los Aquino Ortega”, la de “Betito Campo” o Alberto García López, etc., así mismo por el famoso “Trío los Mirlos” integrado por: Martín Gómez (Tin Chiana), Mariano López Lena y Fernando Blas, según informa el C. Daniel Luis Ruiz y en la voz del muy recordado, Juan Jiménez o “Juan Stubi”, quien compartió autoría con TAQUIO NIGUI, en la famosa melodía: “Bola Lari”.

    LA GLORIA DE SER CANTAUTOR DE MELODIAS EN ZAPOTECO, la compartió con otros célebres paisanos, amigos suyos, como: Manuel Reyes Cabrera (Rey Baaza/ 1910-1980), después el hijo “Pedro Baaza” (1929-2002), Saúl Martínez, “El trovador del recuerdo” (1914-1969), Carlos Iribarren Sierra (1906-1974), Maurilio López Guerra, “Mou Deme” (1928- ¿ ),y el ya citado “Juan Stubi”, son entre otros los más destacados, hasta la generación de los años veinte; AL MISMO TIEMPO RESALTARON EN EL RENGLON LITERARIO PARA LA PRESERVACION DEL ZAPOTECO: Enrique Liekens Cerqueda (1882-1978), Gilberto Orozco Matus o “Betu Baanu” (1898-1961), Andrés Henestrosa (1906-2007), Profr. Germán López Trujillo (1909-1981), a quien EUSTAQUIO le dedico la canción:“¡ Rixiidxii Doo !”, Javier Sánchez Valdivieso “Pancho Nácar” (1909-1963), Lic. Gabriel López Chiñas (1911-1983), Profr. Ezequiel López Vásquez (1911-2006), entre otros destacados intelectuales istmeños, todos amigos de él. QUIENES DEJARON PROFUNDA HUELLA EN EL FORTALECIMIENTO DE NUESTRA IDENTIDAD; aunados con EUSTAQUIO, COMO LINGÜISTA; dado que en 1980 él publicó LA GUÍA GRÁFICA-FONÉTICA PARA LA ESCRITURA Y LECTURA DEL ZAPOTECO, antecedido solo por el trabajo colegiado de la Mesa Redonda de 1956, que contaron con el patrocinio del Consejo de Lenguas Indígenas, el Instituto Lingüístico de Verano y la Sociedad Pro -planeación del Istmo, con amplios recursos; que entonces no tuvo EUSTAQUIO en su titánico trabajo de investigación, pero sí contaba con la gran riqueza filosófica zapoteca; dicha obra, reunió 4720 vocablos y 7 anexos, y teniendo como único colaborador su dilecto amigo, el Profr. Ezequiel López Vásquez.

    En 1938, unió a su vida, la joven Ceferina Hernández Jiménez,,radicandose en el Callejón Albino Jiménez No. 30 de la 6ª. Secc., donde finalmente vivió EUSTAQUIO; a esta gran compañera le dedicó la inspirada melodía: “Amorosa Ceferina” (Mi Ceferina/ Bella mujer divina/ La luz que me ilumina/ con santa devoción/…Tu aquí a mi lado/ nunca has fallado/ Me has perdonado/ lo infiel que fui…). Procrearon 4 hijos: Bernalia, Servando, Donata (fue profesora de primaria y de Español en secundaria, y tocaba la guitarra) y Celestia, esta última es soltera y fue quien lo atendió hasta su muerte; tres de todos sus hijos actualmente se encuentran en deplorable situación de salud y pobreza. Lamentable situación que nos invita a reflexionar, en sus proféticas letras: “CON EL ALTRUISMO NO HAY PUEBLO INDIGENTE/ UN TRIBUTO AL HOMBRE DE TAL CUALIDAD”; ojalá que contribuyamos humanitariamente a favor de ellos.

    TAQUIU NIGUI, entre sus anécdotas refiere que para hacer sus composiciones, algunas veces, hasta abandonaba el lecho de su intimidad conyugal, cuando le sobresaltaba una repentina chispa de inspiración; cuenta él que así le pasó, cuando escribió, la sublime melodía: “Ba’dudxaapa huini sicaru”. Pero también apuntó que en cierta ocasión, cuando empezó a cantar en una tradicional Vela, esta misma melodía, fue golpeado por un paisano, que consideraba que era una ridiculez cantar allí, en zapoteco, cayendo entre las brazas ardientes de una garnachera y defendido por sus amigos se salvó oportunamente.

    El distinguido Profr. Cayetano González Santos, escritor Ixtaltepecano, en 1941, bautizó a EUSTAQUIO con el seudónimo: “PORTALIRA ZAPOTECA” y lo consagró con las siguientes palabras muy significativas: “Cuando Eustaquio canta en su lengua nativa las notas alegres, melancólicas y guerreras, encontramos en la gama inconfundible de su voz, el madrigal a la novia amada, la despedida del doncel que se aleja, la elegía del campesino que conversa con la Madre Tierra, la Marcha Triunfal a las huestes que cortan gajos de victoria para hacerlos Bandera, la Marcha de honor para el soldado que muere en honrosa lid./ Eustaquio a través de sus canciones de sabor aborigen; hace desfilar a las “Xhuncus” que bailan en la enramada yaa ro’ “La Sandunga” y “El Mediu xiga”…NO CESES DE CANTAR LAS GRANDEZAS QUE PALPITAN EN EL ALMA DE TU PUEBLO. ALGUN DIA EL ISTMO ENTERO TE COMPRENDERÁ”. Mensaje que motivó a EUSTAQUIO a recopilar en un cancionero de casi 130 melodías con sus partituras, muchas de ellas con sus respectivas traducciones en zapoteco, publicadas en 1973; canciones que fueron difundidas por él mismo y por muchos interpretes nacionales e internacionales, a través de presentaciones en vivo o grabados y por la radio, televisión y prensa; el Profr. Franco de la Cruz S., dijo en un reportaje postmorten: “Mis palabras se conviertan en flores perfumadas y perennes que iluminen tu tumba como sus canciones iluminan los corazones de tus paisanos, que aun viven gozando de ellas”. Aun con estas manifestaciones hubieron algunos repudiados paisanos que plagiaron algunas de sus reconocidas canciones, que en su momento fueron señalados en algunas publicaciones.

    En su labor educativa, como MAESTRO DE ENSEÑANZA MUSICAL, iniciada el 15 de Abril de 1948, que por su apreciable capacidad, recibió una modesta Plaza, que le otorgó el Profr. Germán López Trujillo, entonces Supervisor de la Zona No. 32., en su tierra natal, labor que ejerció con infinita entrega, responsabilidad y cariño, e incluso trabajando más de las 5 horas a la semana indicadas en su nombramiento oficial, “porque recorría las 5 Escuelas Primarias y 1 Preescolar, que funcionaban en su terruño con gran entusiasmo, así lo aseveró el reconocido Profr. Isidro López Luis, y DEJÓ PARA LA POSTERIDAD VIBRANTES CANTOS ESCOLARES ENTRE LAS QUE SE DESTACAN: HIMNO A LA ESCUELA, SALUDO A LA BANDERA, A IGNACIO ZARAGOZA, etc., rescatadas por el Maestro de Enseñanza Musical, C. Felipe Bartolo Villalobos, quien le sucedió; cuando EUSTAQUIO, causó baja por defunción en 1981.

    POR TODA ESTA TRASCENDENTAL Y EJEMPLAR OBRA MULTIDISCIPLINARIA DEL MAESTRO EUSTAQUIO JIMÉNEZ GIRÓN, recibió en vida innumerables Notas Laudatoria y Reconocimientos. Cabe destacar que muy acertadamente las Autoridades Municipales, Civiles, Educativas y Culturales, LO DECLARARON: HIJO PREDILECTO DE JUCHITAN, (JULIO/1977).

    EUSTAQUIO, por eso será nuestro inmortal patrimonio cultural, por su fecunda sabiduría y creación, presentes en sus publicaciones y canciones que en el pentagrama se transforman en deleite musical, que incitan, el trueque entre realidad e imaginación, filigrana que se entreteje con su sentimiento sublime de binizaa (zapoteca). Inmortalidad, que es una “especie de vida que se adquiere en la memoria de la humanidad”, decía Denis Diderot. En su tierra natal se ha perpetuado su nombre en Calles y una Escuela Primaria Bilingüe, de la Colonia Gustavo Pineda (5-Dic. /2000); en su tumba la Asociación Cultural Neza Nabani A.C., en el 2007 le colocó una placa en su honor, como HOMENAJE PÓSTUMO, al igual que en la Casa de Cultura se hará la DEVELACIÓN DE UNA PLACA CONMEMORATIVA DE SU NATALICIO Y XXX ANIVERSARIO DE SU MUERTE, acaecida el 10 DE MAYO DE 1981, QUE LA FUNDACIÓN HISTÓRICO CULTURAL JUCHITÁN A.C., EN COORDINACIÓN CON LAS AUTORIDADES MUNICIPALES Y LA CASA DE CULTURA DE ESTE HERÓICO PUEBLO RECORDARÁN EL 20 y 30 DE SEPTIEMBRE DE 2011.

    (David Ruíz Martínez)